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MÉXICO: FRAUDES ELECTORALES, AUTORITARISMO Y REPRESIÓN

MÉXICO: FRAUDES ELECTORALES, AUTORITARISMO Y REPRESIÓN

por: Martin Carlos Ramales Osorio (maramales2000@yahoo.com.mx)
 
Muchos más fraudes sobrevendrían después, acompañados de sus respectivas dosis de autoritarismo y represión. Así lo constatan las elecciones presidenciales de:

1940: ocasión en la que contendieron Manuel Ávila Camacho por el PRM y
Juan Andrew Almazán por el recién creado Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN); partido este último que cada día aglutinaba mayores adhesiones como las del Partido Acción Nacional, el Partido Antirreeleccionista, el Partido Laborista, viejos revolucionarios de diferentes facciones, jóvenes universitarios, la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y la Confederación Nacional de Estudiantes, entre otras importantes organizaciones. Los seguidores de Almazán, dispuestos a todo con tal de desafiar las reformas cardenistas, no dudaron en recurrir a las armas. Almazán pidió apoyo al gobierno estadounidense, pero éste no deseaba sufrir los efectos de una nueva guerra civil en México. Con este tumultuoso trasfondo, las urnas se ensangretaron el 7 de julio de 1940. El saldo en la capital del país fue de 30 muertos y 158 heridos. Los resultados oficiales fueron muy poco creíbles: 94% de votos para Ávila Camacho y sólo 5% para Almazán; con Almazán fuera del país y con la mayoría del ejército apoyando a Lázaro Cárdenas, los almazanistas nada pudieron hacer y el 1 de diciembre Ávila Camacho tomó posesión en un ambiente de relativa tranquilidad.

Al respecto, para Martha Beatriz Loyo, historiadora del Instituto de
Investigaciones Históricas de la UNAM, “a pesar de las promesas reiteradas de Cárdenas de unas elecciones limpias y democráticas, se había regresado a la práctica tradicional; el 7 de julio, la votación fue absolutamente fraudulenta, manipulada e interrumpida por graves disturbios. El enfrentamiento violento entre almazanistas y avilacamachistas fue constante, el ejército y la policía mataron e hirieron a docenas de manifestantes, muchas de las casillas se habían cerrado temprano para evitar problemas de violencia, y muchos votantes no aparecían en las listas y no pudieron votar (…) Los diarios más importantes del país y del extranjero dieron el triunfo a Almazán (…) Sin embargo, los resultados oficiales para la oposición fueron ridículos (…) Pero quedó claro que de aquí en adelante el partido oficial no tomaría jamás el riesgo de unas elecciones libres. La responsabilidad del fraude electoral no fue sólo de Cárdenas, sino en realidad era la consolidación de un sistema iniciado durante los años veinte con el que se habían establecido las reglas del sistema político mexicano, que no tenía nada que ver con la democracia…”.

1952: el 6 de
julio de 1952 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales para elegir al sucesor de Miguel Alemán, después de que éste intentara reelegirse y de nombrar como su sucesor a Fernando Casas Alemán, regente capitalino, con tal de asegurar la continuidad de su régimen. La elección presidencial de 1952 ha sido, sin lugar a dudas, una de las más competidas en la historia política moderna de México. Contendieron en aquella ocasión, Adolfo Ruiz Cortines por parte del PRI; Miguel Henríquez Guzmán, postulado por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM), y cuya candidatura era apoyada, en un principio, por Lázaro Cárdenas ante las tentaciones reeleccionistas de Miguel Alemán; Vicente Lombardo Toledano, candidato del Partido Popular (PP); y un tanto a la distancia, Efraín González Luna, candidato del Partido Acción Nacional (PAN), partido que contendía, por primera ocasión desde su nacimiento en 1939, en una elección presidencial.

Como parte del
proceso de modernización e industrialización del país iniciado por Ávila Camacho (1940-1946) y profundizado por Miguel Alemán (1946-1952), el régimen alemanista utilizó con bastante insistencia un nuevo discurso en el que las nociones de progreso, desarrollo y democracia jugaban un papel central. Progreso material si lo había, pero el desarrollo y la democracia brillaban por su ausencia: la mayor parte del ingreso nacional tendía a concentrarse en unas cuantas manos; en tanto que en el terreno político Alemán ejerció la censura, la represión y el autoritarismo (Jorge Patiño Sandoval fue despedido de Novedades por sus críticas al alemanismo, a Miguel Palacios Macedo se le “invitó” a no colaborar en El Universal por instrucciones del gobierno, “el cuarto poder” en el teatro Lírico fue clausurado por las “alusiones políticas” de “Palillo” contra el “señor presidente” y los mineros de Nueva Rosita, Coahuila, fueron violentamente reprimidos en el zócalo capitalino y regresados a su tierra en vagones para ganado), y no iba a garantizar tan fácilmente elecciones limpias y transparentes, tal como quedó de manifiesto en las elecciones legislativas de 1949 y, todavía más, en las elecciones presidenciales de 1952.

Tal como lo narra Elisa Servín, historiadora del Instituto de
Investigaciones Históricas de la UNAM, las elecciones legislativas de 1949 confirmaron que, más allá de las formas, la democracia electoral estaba lejos de ser realidad, pese a los pretendidos esfuerzos de modernización. Tanto Vicente Lombardo Toledano, que había constituido el Partido Popular (PP) en 1947 como brazo político de la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM), como los dirigentes de Acción Nacional (PAN), denunciaron infructuosamente las notorias irregularidades cometidas por el partido oficial para imponerse en todos los niveles de las elecciones legislativas de ese año.

Algo todavía peor ocurriría en la elección
presidencial de 1952. Tanto durante la campaña como después de la elección presidencial, los candidatos opositores fueron permanentemente acosados y hostigados por el gobierno. Durante la campaña electoral, el hostigamiento más violento se dio en contra de los partidarios de Henríquez Guzmán, ya que la candidatura de éste había movilizado a grandes sectores de la población a su favor dada su propuesta electoral. Los henriquistas se asumieron como los herederos legítimos de la Revolución, y a lo largo de la campaña hicieron hincapié en la necesidad de retomar el proyecto revolucionario, al que consideraban traicionado por el gobierno de Miguel Alemán; planteaban, también, la redefinición de la política agraria y las relaciones entre el gobierno y los sindicatos, así como los cuestionamientos a la corrupción gubernamental (que floreció bastante durante el alemanismo) y la creciente cerrazón de los procesos electorales.

Como respuesta, el
gobierno alemanista emprendió toda una campaña de mentiras y descalificaciones en contra de Henríquez Guzmán, de la que no quedaron exentos Lombardo Toledano y González Luna, acusados cotidianamente en la prensa oficialista de ser los candidatos del “comunismo” y de la “reacción”.

Finalmente, durante el transcurso de la jornada electoral del 6 de
julio se presentaron múltiples irregularidades y, por tanto, las correspondientes denuncias y quejas por violaciones a la ley en todas las casillas donde hubo presencia de la FPPM, el PAN y el PP, mismas que se agudizaron al terminar el proceso. En la mayoría de los casos, los representantes de los partidos de oposición y/o de sus candidatos vieron obstaculizadas sus actividades y no pudieron impedir que los encargados de las casillas, casi siempre en asociación con los representantes del PRI, manejaran las elecciones a su antojo. Las principales irregularidades en la elección presidencial de ese año, fueron las siguientes: en el Distrito Federal la mayoría de los representantes de la oposición no fueron aceptados por los presidentes de casilla, casi siempre aduciendo que su nombramiento no estaba correctamente registrado; en muchos casos, las autoridades de las casillas realizaron el conteo de los votos sin permitir el acceso a la oposición y/o sin darle a sus representantes copia de las actas de escrutinio, especialmente cuando la votación favorecía a la oposición; se denunciaron diversas formas de coacción del voto, así como la constante presencia de brigadas ambulantes de trabajadores que votaron por el PRI en varias casillas de la ciudad de México; en las ciudades del interior y en el campo las irregularidades se repitieron, sólo que de forma más burda y cuidando menos las apariencias de una elección democrática.

Todo indicaba que Henríquez Guzmán había ganado la elección
presidencial. Para esto, el lunes 7 de julio los dirigentes de la FPPM convocaron a sus partidarios a celebrar la “fiesta de la victoria” en la Alameda Central. La manifestación fue brutalmente reprimida. Tal como lo registra la historiadora Elisa Servín, súbitamente transformados por el discurso oficial de manifestantes políticos en “agitadores profesionales”, los henriquistas se encontraban solamente al principio de una feroz campaña de hostigamiento que se tornó cada vez más violenta.

Finalmente la disolución de la Federación de Partidos del Pueblo (FPPM) ocurrió en enero de 1954, tras la sospecha gubernamental de que un grupo henriquista armado había asaltado un cuartel militar en Ciudad Delicias, Chihuahua. El movimiento henriquista declinaba definitivamente.

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That, for all they care, I can go to hell

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