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LA MITOMANÍA DE FRANCISCO MARTÍN MORENO. 3ª DE IV PARTES.

LA MITOMANÍA DE FRANCISCO MARTÍN MORENO. 3ª DE IV PARTES.

 

Para concluir con esta serie de reflexiones, van a ser precisos dos apartados más, a pesar de que se trata de una sucinta relación de contradicciones que aparecen a lo largo del texto de “Cien Mitos de la Historia de México”, tomos I y II;[1] lo anterior, a fin de demostrar que este autor, como la Chimoltrufia, como dice una cosa dice otra.

 

En la contraportada de su primera novela, “México Negro”,[2] está escrito: “México Negro revela el origen del financiamiento de la revolución mexicana: ¿De dónde salió el dinero que propició la gran masacre que sufrimos? […] México, de abundante riqueza, que florece y madura como maldición para sus hombres, incapaces de habitarlo plenamente; alrededor de él, los norteamericanos y europeos que lo acechan y someten”. ¿Qué idea extrae usted de esta lectura? Una muy simple: Que la Revolución Mexicana, lejos de ser ese movimiento popular que creemos la mayoría de los mexicanos, fue un asunto financiado por extranjeros acechantes con el fin de someter al País. Pero no nos vayamos tan lejos, uno de sus supuestos mitos lo titula: “La Guerra contra los EUA fue culpa de los mexicanos”:[3] y transcribe el párrafo de una carta publicada en 1812 (34 años antes de la invasión estadounidense): “Estados Unidos intenta fijar su frontera sur a partir de una línea al oeste de la desembocadura del Río Bravo, incluyendo Tejas, Nuevo México, Chihuahua, Sonora y las Californias. […] Este proyecto podría ser delirante para muchas personas racionales, pero créanme, ciertamente existe”. En otra parte de su obra, refiere: “El gobierno maderista no llegó muy lejos: […] el golpe de Estado fraguado por Huerta y el embajador estadounidense Henry Lane Wilson decapitó con su oprobioso asesinato las más caras esperanzas democráticas de México”;[4] y refiriéndose a la matanza del 2 de octubre de 1968, nos relata: “Y ahí estaba el FBI, cuyo jefe Hoover, en 1967, ‘instruyó al agregado jurídico de la embajada estadounidense en la capital mexicana a proponer un plan de ‘reventamiento’ de los grupos subversivos radicales más activos en la Universidad, advirtiéndole ‘ser muy cuidadoso de no interferir con los agentes de ninguna agencia de inteligencia de Estados Unidos operando entre los universitarios’”.[5] De otro libro, “La otra Historia de México”, escrito por Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, permítaseme transcribir un párrafo: “Ahora, por los manipuleos de Poinsett, Austin y otros norteamericanos, México pasaba, de ser colonia durante 300 años e imperio algunos meses, a ser república federal, que era el sistema político más avanzado de aquel tiempo. Con ello imitamos a los norteamericanos, que muy satisfechos vieron cómo se adoptaba su sistema. […] Si México se organizaba como república con ‘Estados libres, soberanos e independientes’, según señaló la declaración de los diputados, sería considerablemente más fácil que fracciones del territorio mexicano -Texas, principalmente-, convertidas ya en estados libres, pudieran por propia voluntad renunciar al pacto federal y declararse absolutamente independientes, como paso previo a su anexión a los Estados Unidos”.[6]

 

Sentado lo anterior, ¿cómo titula Martín Moreno a uno de sus supuestos mitos? Se lo digo: “Los gringos tienen la culpa”.[7] Es decir, pese a que los gringos son los directos responsables de la gran masacre que sufrimos a principio de 1910; los artífices de la pérdida de la mitad del territorio nacional (atraco previsto muchísimos años antes de que ocurriera), principales beneficiarios del sistema federal (tan caro a Martín Moreno), así como los directamente responsable de asesinar al Presidente Francisco I. Madero y los promotores intelectuales de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, resulta que no, que no tienen culpa y que afirmarlo es un mito.

 

¿Más contradicciones? ¡Cómo no! Ahí van:

 

En su Capítulo “Vicente Guerrero, prócer impoluto”, don Francisco pone de azul y oro a don Vicente;[8] lo menos que dice de él es que fue un traidor, un analfabeta, un demente y una vergüenza “por donde se le mire” y dice: “Fusilados Allende y Morelos, Guerrero era un insurgente menor” cuyo “único mérito [es] haber encontrado un guía en Agustín de Iturbide”.[9] ¡Ah! Pero en un capítulo posterior, con el pretexto de hablar de don Lucas Alamán, del que niega que haya sido un patriota y del que afirma que era un mentiroso, un hipócrita y un traidor, Martín Moreno escribe: “Efectivamente, Lucas Alamán autorizó el pago al secuestrador de Vicente Guerrero […] para que lo entregara a su administración, de modo que ésta pudiera, como lo hizo, acabar con los días de este líder de la independencia fusilándolo”.[10] ¿En qué quedamos, en insignificante revoltoso o en líder de la Independencia de México?

 

En tanto que en uno de sus capítulos pretende destruir el “mito” de “Malinche, la gran traidora”, en donde afirma: “La Malinche nunca nos traicionó” y aprueba un párrafo escrito por Octavio Paz que dice: “De ahí el adjetivo despectivo ‘malinchista’ recientemente puesto en circulación por los periódicos para denunciar a todos los contagiados por tendencias extranjerizantes”;[11] ¿qué adjetivo denigrante cree usted que emplea en otro de sus capítulos? Si usted respondió: “Malinchista”, adivinó; escribe en otro apartado: “Ha sido y es de dominio público la tesis de que México ha importado […] la experiencia política de otras naciones para diseñar su propio aparato de Estado, lo cual es cierto y comprobable. En ese ‘malinchismo antinacionalista’ radican algunas de las desgracias que ha padecido la República”.[12] Otra vez, ¿en qué quedamos fue la Malinche traidora o no lo fue? (No lo fue, claro.)

 

¿Otra? ¡Otra! En ese mismo apartado dedicado a la Malinche, escribe: “Ella no traicionó a los mexicanos, pues aún no existíamos”.[13] Cierto; y si los mexicanos no existíamos, ¿cómo demonios fue que escribió, en el mismo tomo I, como título de uno de sus engendros: “Los antiguos mexicanos no eran antropófagos”.[14] Y conste que no escribió: “Los antiguos habitantes de México”, los “antiguos mexicas”, no, escribió: “Antiguos mexicanos”; otra vez: ¿había o no había antiguos mexicanos? (no había, por supuesto).

 

Continuará…

 

Luis Villegas Montes.

luvimo6608@gmail.com, luvimo66_@hotmail.com



[3] Op. cit. Tomo II. Pág. 81.

[4] Op. cit. Tomo I. Pág. 214.

[5] Op. cit. Tomo I. Pág. 257.

[6] Fuentes Aguirre, Armando (2008): “La otra Historia de México. Hidalgo e Iturbide. La gloria y el olvido”. Diana. México. Pág. 173.

[7] Op. cit. Tomo I. Pág. 179.

[8] Op. cit. Tomo II. Pág. 57.

[9] Op. cit. Tomo II. Pág. 55.

[10] Op. cit. Tomo II. Pág. 229.

[11] Op. cit. Tomo I. Pág. 205.

[12] Op. cit. Tomo II. Pág. 225.

[13] Op. cit. Tomo I. Pág. 209.

[14] Op. cit. Tomo I. Pág. 129.

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